La misofonía es todavía una gran desconocida en muchas empresas, pero su impacto en el entorno laboral puede ser enorme. Quien la padece no solo se siente molesto por ciertos sonidos repetitivos; puede experimentar reacciones de ira, ansiedad, estrés intenso o una necesidad urgente de escapar de la situación. Si estos estímulos se dan constantemente en el lugar de trabajo, la productividad, la concentración y las relaciones laborales pueden verse seriamente afectadas.
Qué es la misofonía y cómo se manifiesta en el trabajo
La misofonía se define como una reacción emocional intensa, automática y desproporcionada ante determinados sonidos cotidianos, generalmente suaves y repetitivos. No se trata de “manías” ni de falta de tolerancia: hay una respuesta fisiológica y cognitiva real que dispara malestar significativo.
En el ámbito laboral, algunos desencadenantes frecuentes son:
- Teclados y clics de ratón muy sonoros.
- Masticar chicle, comer crujiente o sorber bebidas.
- Respiración ruidosa, carraspeos o resoplidos repetidos.
- Golpes con bolígrafos, clics de retractiles o juegos con objetos de escritorio.
- Sonidos de bolígrafos sobre la mesa, dedos tamborileando o tacones sobre el suelo.
- Repetición de notificaciones, tonos de móvil o avisos de aplicaciones.
Cuando estas situaciones se dan en espacios abiertos, salas de reuniones o zonas de descanso, la persona con misofonía puede entrar en un estado de hipervigilancia constante, anticipando los sonidos y agotando sus recursos emocionales a lo largo de la jornada.
Impacto de la misofonía en la vida laboral
Desde la perspectiva de recursos humanos, comprender el impacto de la misofonía es clave para valorar riesgos psicosociales y diseñar medidas razonables de adaptación. Algunas consecuencias frecuentes son:
- Disminución de la concentración: el foco atencional se desplaza hacia los sonidos desencadenantes, dificultando el trabajo profundo.
- Aumento del estrés y la fatiga: mantener la calma y el autocontrol ante sonidos constantes implica un esfuerzo mental muy elevado.
- Conflictos interpersonales: la irritabilidad o las reacciones de enfado pueden afectar la convivencia con compañeros que no entienden el problema.
- Evitar espacios o tareas: la persona puede rechazar reuniones, comer con el equipo o usar determinadas zonas por miedo a los sonidos.
- Riesgo de absentismo y rotación: sin medidas adecuadas, el malestar puede derivar en bajas por ansiedad o en renuncias voluntarias.
Por ello, abordar la misofonía no solo es un gesto de salud y bienestar laboral, sino también una decisión estratégica para retener talento y reducir costes asociados a clima laboral y productividad.
La importancia del apoyo profesional especializado
Aunque las empresas pueden implementar ajustes ambientales y organizativos para reducir el impacto del ruido, el abordaje profundo de la misofonía suele requerir acompañamiento clínico especializado. La misofonía no es simplemente una molestia pasajera: implica una respuesta emocional y fisiológica automática que puede generar ansiedad intensa, irritabilidad o evitación persistente. Por ello, contar con profesionales formados específicamente en esta condición resulta fundamental para recuperar el control y mejorar la calidad de vida en el entorno laboral.
La terapia psicológica especializada permite trabajar no solo sobre la exposición a los sonidos detonantes, sino también sobre los pensamientos anticipatorios, la hipervigilancia y las reacciones emocionales que mantienen y agravan el problema. Un enfoque terapéutico adecuado ayuda a reducir el estrés acumulado, mejorar la tolerancia progresiva a los estímulos y disminuir los picos de ansiedad asociados a situaciones cotidianas, como reuniones, espacios compartidos o momentos de descanso.
Proyectos como Celia Misofonía destacan precisamente por ofrecer un tratamiento centrado exclusivamente en esta dificultad. Su equipo está formado por psicólogas especialistas en misofonía, pioneras en España en el abordaje específico de esta condición, evitando enfoques genéricos que suelen ser insuficientes cuando el problema afecta de manera intensa al día a día. Su metodología incluye evaluación personalizada, identificación detallada de detonantes y un trabajo terapéutico progresivo orientado a “reentrenar” la respuesta automática del sistema nervioso ante los sonidos.
Celia Misofonía pone a disposición herramientas prácticas como test de evaluación inicial y un acompañamiento cercano, humano y sostenido durante todo el proceso, con el objetivo de que la persona no solo “aguante” los sonidos, sino que recupere libertad, bienestar emocional y capacidad funcional en contextos como el trabajo.
Cuando la misofonía empieza a interferir en la vida profesional, acudir a un servicio especializado como Celia Misofonía puede marcar una diferencia decisiva: no se trata solo de adaptarse al ruido externo, sino de aprender estrategias clínicas eficaces para que la misofonía deje de controlar la jornada laboral y la vida cotidiana.

Estrategias personales para afrontar la misofonía en el trabajo
Si crees que puedes sufrir misofonía, hay una serie de estrategias que puedes aplicar de forma individual mientras avanzas en un posible proceso terapéutico. No eliminan el problema, pero pueden reducir su impacto en tu jornada laboral.
1. Identificar detonantes, patrones y momentos críticos
El primer paso es conocer con precisión qué, cuándo y cómo te afecta. Puedes llevar un pequeño registro durante dos o tres semanas con estos datos:
- Sonido desencadenante (qué lo ha provocado).
- Lugar de trabajo (open space, sala de reuniones, comedor, etc.).
- Momento del día (inicio de la jornada, después de comer, última hora…).
- Emoción principal (ira, ansiedad, agobio, tristeza).
- Conducta que realizas (huir, confrontar, aguantar en silencio, ponerte auriculares…).
Este análisis ayuda a anticipar situaciones de mayor riesgo y a argumentar posteriormente necesidades de adaptación ante tu responsable o RR. HH.
2. Uso estratégico de auriculares y sonido de fondo
En muchos entornos, los auriculares se han convertido en una herramienta básica para protegerse del ruido. En el caso de la misofonía, pueden marcar la diferencia, siempre que se utilicen de forma coordinada con la empresa:
- Opta por auriculares con cancelación de ruido o por sonidos neutros de fondo (ruido blanco, lluvia suave, música instrumental).
- Establece franjas claras en las que puedas trabajar con auriculares sin interferir en la comunicación del equipo.
- Acuerda señales o canales específicos (chat interno, mensajes) para que tu equipo pueda contactarte sin necesidad de interrumpirte en persona constantemente.
Es importante equilibrar el uso de auriculares con las necesidades de colaboración y atención a clientes o usuarios, para que no se conviertan en una barrera de comunicación.
3. Microdescansos y gestión de la activación fisiológica
Cuando se desencadena la reacción misofónica, el cuerpo entra en modo alerta. Implementar microdescansos breves pero frecuentes puede ayudarte a bajar la activación:
- Levantarte a por agua o a estirar las piernas durante 2-3 minutos.
- Practicar respiración diafragmática (inspirar en 4 tiempos, mantener 2, exhalar en 6-8).
- Realizar ejercicios sencillos de atención plena centrados en la respiración o en sensaciones corporales neutras.
Estos recursos no cambian el desencadenante, pero sí reducen la intensidad del pico emocional y mejoran tu capacidad de responder de manera más controlada.
4. Preparar una comunicación asertiva con tu entorno
En muchos casos, el miedo a no ser comprendido hace que la persona con misofonía esconda el problema. Sin embargo, en el ámbito laboral, una mínima apertura puede facilitar mucho las cosas. Algunas recomendaciones:
- Explica que no se trata de manías, sino de una respuesta automática que te genera malestar.
- Evita los reproches personales; céntrate en conductas concretas y en cómo os podéis organizar para que todos estéis más cómodos.
- Propón alternativas específicas (por ejemplo, cambiar de sitio al comer, establecer normas sobre notificaciones sonoras, etc.).
Si te cuesta abordar esta conversación, puede ser útil ensayar previamente con un profesional o escribir un pequeño guion para no dejarte nada importante y mantener un tono calmado.
Qué pueden hacer las empresas y RR. HH. ante la misofonía
Desde la gestión de personas, la misofonía debe entenderse como parte de la diversidad en la forma de procesar los estímulos del entorno. No implica falta de profesionalidad ni menor compromiso, pero sí requiere sensibilidad y, en ciertos casos, ajustes razonables.
1. Incorporar la misofonía en la evaluación de riesgos psicosociales
La mayoría de evaluaciones psicosociales contemplan el ruido como factor de riesgo, pero suelen centrarse en niveles altos de sonido. La misofonía obliga a ir un paso más allá e incluir:
- Preguntas sobre el impacto de sonidos repetitivos de baja intensidad.
- Espacios para que las personas describan qué tipo de ruido les resulta especialmente molesto.
- Canales confidenciales para comunicar este tipo de sensibilidad sonora sin miedo a estigmatización.
Detectar a tiempo este problema permite diseñar intervenciones a medida y prevenir deterioros mayores del clima laboral.
2. Diseñar entornos de trabajo más flexibles
El auge de las oficinas abiertas ha aumentado los estímulos acústicos compartidos. Algunas medidas que RR. HH. y prevención de riesgos pueden valorar son:
- Habilitar zonas silenciosas donde el uso de móviles, conversaciones y comidas esté limitado.
- Revisar la distribución de puestos para evitar concentrar a personas sensibles cerca de focos ruidosos (impresoras, zonas de paso, cafeteras).
- Permitir, cuando el puesto lo permita, trabajo híbrido o remoto parcial en momentos de alta carga acústica.
- Incorporar elementos de acondicionamiento acústico (paneles, moquetas, biombos) para reducir el impacto de los sonidos.
Estas medidas no solo benefician a quienes conviven con misofonía; suelen mejorar la concentración general y el bienestar de todo el equipo.
3. Protocolos de convivencia sonora
Al igual que se establecen normas básicas sobre reuniones, correo electrónico o uso de espacios comunes, resulta útil consensuar pautas sobre el ruido cotidiano:
- Normas claras sobre tonos de móvil, volumen y duración de las llamadas en espacios compartidos.
- Recomendaciones respecto al consumo de alimentos ruidosos en zonas de trabajo frente a áreas de descanso.
- Buenas prácticas sobre el uso de objetos (bolígrafos clicables, teclados mecánicos muy ruidosos, etc.).
La clave es comunicar estas normas desde la cultura de respeto mutuo y la salud laboral, y no como imposiciones arbitrarias.
4. Formación y sensibilización en equipos directivos y mandos intermedios
Los responsables de equipo suelen ser la primera línea de contacto cuando alguien comunica que tiene dificultades con el ruido. Por eso es fundamental que conozcan, al menos, los conceptos básicos:
- Qué es la misofonía y por qué no se resuelve con “tener más paciencia”.
- Cómo escuchar y validar el malestar sin minimizarlo.
- Qué recursos puede ofrecer la organización (cambios de puesto, horarios, teletrabajo, auriculares, derivación a servicios de apoyo, etc.).
Integrar la misofonía en las formaciones sobre diversidad, salud mental y riesgos psicosociales contribuye a reducir estigmas y a mejorar la respuesta organizacional.
Aspectos legales y de protección laboral a considerar
El tratamiento jurídico de la misofonía todavía es incipiente, pero hay marcos generales de prevención de riesgos y de protección de la salud que pueden ser relevantes. Siempre es recomendable contar con asesoría legal especializada para valorar cada caso concreto, pero a nivel general conviene tener en cuenta:
- Las empresas tienen la obligación de proteger la salud física y mental de las personas trabajadoras, incluyendo riesgos psicosociales.
- En determinados supuestos, la misofonía podría requerir ajustes razonables si se vincula a una condición reconocida que limite la actividad laboral.
- Las medidas adoptadas deben ser proporcionadas y compatibles con la organización del trabajo y los derechos del resto de la plantilla.
Desde RR. HH. es recomendable documentar las solicitudes, las medidas propuestas y los acuerdos alcanzados, siempre preservando la confidencialidad y evitando cualquier trato discriminatorio.
Cómo acompañar desde RR. HH. a una persona con misofonía
Más allá de las medidas estructurales, la forma en que se gestiona cada caso concreto marca la diferencia en la experiencia de la persona afectada. Algunos pasos clave:
1. Escucha activa y recogida de información
Cuando alguien plantea dificultades con el ruido, conviene:
- Ofrecer un espacio privado para que pueda explicarse con tranquilidad.
- Hacer preguntas abiertas sobre qué sonidos le resultan más difíciles, en qué momentos y cómo afectan a su trabajo.
- Evitar comentarios del tipo “eso nos molesta a todos” o “es cuestión de acostumbrarse”.
2. Evaluar posibilidades de adaptación
A la luz de la información recopilada y en coordinación con prevención de riesgos, puede valorarse:
- Cambios de ubicación del puesto de trabajo (más alejado de focos sonoros).
- Flexibilidad horaria o mayor teletrabajo en ciertas franjas.
- Dotación de equipamiento específico (auriculares adecuados, paneles acústicos).
- Ajustes en la forma de participar en reuniones o actividades grupales.
Es útil explorar distintas combinaciones hasta encontrar un equilibrio funcional para la persona y el equipo.
3. Coordinación con servicios de salud laboral y apoyo psicológico
En paralelo, la empresa puede facilitar el acceso a:
- Reconocimientos médicos en los que se valore la situación y su impacto laboral.
- Programas de apoyo psicológico externos o internos, si la organización los ofrece.
- Información sobre recursos especializados para que la persona pueda acudir de forma voluntaria.
El objetivo es que la gestión no se limite a “mover mesas”, sino que incluya también herramientas profesionales para que la persona gane estrategias de regulación emocional y afrontamiento.
Claves para integrar la misofonía en una cultura laboral saludable
Por último, afrontar la misofonía en el trabajo no es solo una cuestión de casos individuales, sino de cultura organizativa. Algunas claves transversales son:
- Normalizar la conversación sobre salud mental: abrir espacios en los que hablar de ansiedad, estrés, hipersensibilidad sensorial o misofonía no se perciba como un signo de debilidad.
- Promover el respeto sonoro: recordar que los hábitos individuales (comer, hablar por teléfono, usar notificaciones) tienen impacto en el entorno.
- Valorar la diversidad sensorial: entender que no todas las personas procesan el entorno de la misma forma, y que esto no las hace menos válidas profesionalmente.
- Revisar periódicamente los espacios: evaluar si la configuración actual de la oficina o los ritmos de trabajo están generando más ruido del necesario.
Abordar la misofonía con seriedad y empatía envía un mensaje potente: la empresa se preocupa de verdad por cómo se sienten quienes la integran. Y eso, en términos de compromiso, rendimiento y fidelización del talento, tiene un impacto directo y duradero.





